Recordamos lo que nos emociona.

Estoy convencido de que recordamos lo que nos emociona. La memoria funciona por las sensaciones que sentimos cuando grabamos el conocimiento.

Permítanme contarles esta historia:

Llovía y la clase de literatura estaba a punto de comenzar. La edad hacía que bromeáramos con la materia: la poesía.
La profesora dijo: — ¿Tenéis alguna duda antes de continuar?
Yo, que buscaba hacer la gracia de la tarde, mirando la complicidad de los demás pregunté: — Pero ¿qué es la poesía?

Ella, que intuía el estado de desidia en el que nos encontrábamos, me miró sin decir nada. Se hizo el silencio y se acercó a mí con paso firme. Cuando estaba frente a mí y con toda la clase expectante, recitó sin dejar de mirarme:

¿Qué es poesía?, dices mientras clavas en mi pupila tu pupila azul.
¿Qué es poesía? ¿Y tú me lo preguntas?
Poesía... eres tú.

Solo tenía 14 años y Gustavo Adolfo Bécquer me había ganado como incondicional para siempre. La profesora también. Se llamaba Elvira, tenía gafas y era delgada. Hasta ese día no la escuchaba, solo la oía.

Elvira provocó en mí una emoción y las palabras de Bécquer quedaron grabadas a fuego para siempre. No puedo olvidar los pasos que dio hasta que llegó a mí, ni el silencio que se hizo en la clase. Tampoco olvido la forma en la que pronunció cada palabra.

Gracias Elvira.

 

Bruno Bernal.